jueves, 14 de diciembre de 2017

Pequeñas Semillitas 3531

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 12 - Número 3531 ~ Jueves 14 de Diciembre de 2017
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
Jesús, Palabra del Padre, tú fuiste anunciado por el mismo Padre desde el cielo, por medio del ángel Gabriel, y viniste a las entrañas de la Virgen María. De ella recibiste nuestra carne, humana y frágil.
Siendo rico, quisiste escoger en este mundo lo pobre, lo humilde, lo pequeño junto con María, tu madre.
Nuestro mundo, fuerte y orgulloso, necesita de Ti, aunque a veces no lo parezca.
Ven, Señor, a nuestras casas, a nuestros lugares de trabajo, a nuestras comunidades, a nuestras calles y mercados; ven a nuestras fronteras, cada vez más altas…
¡Ven, Señor!

¡Buenos días!

Dentro de ti
Cuando tu vida se encrespa con alguna tormenta, no pierdas el ánimo, porque hay dentro de ti fuerzas insospechadas. Entre todas sobresale una que debes valorar, cuidar, entrenar y servirte de ella: la voluntad. El éxito comienza siempre con una voluntad decidida a permanecer firme en la lucha, ése es el gran regalo de Dios. Utilízalo con humildad.

No hacen falta ojos para ver más allá. Basta con que cierres los párpados, para que aparezcan tus ilusiones, tus esperanzas, tus motivos para luchar. Lo importante está en ti, dentro tuyo, esperando que te animes a mostrarlo. No te fijes en los demás ni en el qué dirán, deja actuar tu intuición, libera tus capacidades. Tu voluntad puede transformar: tus lágrimas en sudor, tu desgano en sacrificio, tu duda en convicción. Te permite pararte después de cada tropiezo, y hace que tus problemas dejen de serlo. No te enceguezcas  ante la adversidad, mira y descubre la fuerza que hay dentro de ti, no hay nada imposible, si realmente te lo propones.

No olvides que una voluntad firme y valiente “puede transformar tus lágrimas en sudor, tu desgano en sacrificio, tu duda en convicción”. Que también tú, como esos soldados que hallan un gozo especial en los más duros combates, sepas entrenar y desarrollar una voluntad recia para salir, de la mano de Dios, victorioso de las adversidades.
* Enviado por el P. Natalio

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
Texto del Evangelio:
En aquel tiempo, dijo Jesús a las turbas: «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los esforzados lo arrebatan. Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron. Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir. El que tenga oídos, que oiga». (Mt 11,11-15)

Comentario:
Hoy, el Evangelio nos habla de san Juan Bautista, el Precursor del Mesías, aquel que ha venido a preparar los caminos del Señor. También a nosotros nos acompañará desde hoy hasta el día dieciséis, día en el que acaba la primera parte del Adviento.
Juan es un hombre firme, que sabe lo que cuestan las cosas, es consciente de que hay que luchar para mejorar y para ser santo, y por eso Jesús exclama: «Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan» (Mt 11,12). Los “violentos” son los que se hacen violencia a sí mismos: —¿Me esfuerzo para creerme que el Señor me ama? ¿Me sacrifico para ser “pequeño”? ¿Me esfuerzo para ser consciente y vivir como un hijo del Padre?
Santa Teresita de Lisieux se refiere también a estas palabras de Jesús diciendo algo que nos puede ayudar en nuestra conversación personal e íntima con Jesús: «Eres tú, ¡oh Pobreza!, mi primer sacrificio, te acompañaré hasta que me muera. Sé que el atleta, una vez en el estadio, se desprende de todo para correr. ¡Saboread, mundanos, vuestra angustia y pena, y los frutos amargos de vuestra vanidad; yo, feliz, obtendré de la pobreza las palmas del triunfo». —Y yo, ¿por qué me quejo enseguida cuando noto que me falta alguna cosa que considero necesaria? ¡Ojalá que en todos los aspectos de mi vida lo viera todo tan claro como la Doctora!
De un modo enigmático Jesús nos dice también hoy: «Juan es Elías (...). El que tenga oídos que oiga» (Mt 11,14-15). ¿Qué quiere decir? Quiere aclararnos que Juan era verdaderamente su precursor, el que llevó a término la misma misión que Elías, conforme a la creencia que existía en aquel entonces de que el profeta Elías tenía que volver antes que el Mesías.
Rev. D. Ignasi FABREGAT i Torrents (Terrassa, Barcelona, España)

Santoral Católico:
San Juan de la Cruz
Doctor de la Iglesia
Nació en Fontiveros, provincia de Avila (España), hacia el año 1542 en el seno de una familia humilde. En su juventud sirvió a los enfermos en el hospital de Medina del Campo a la vez que estudiaba en el colegio de los jesuitas. En 1563 ingresó en la Orden del Carmen. Completó su formación en la Universidad de Salamanca y, ya sacerdote, se sintió atraído por los cartujos, pero, tras un encuentro casual con santa Teresa de Jesús, fue el primero de los frailes carmelitas que a partir de 1568 se declaró a favor de su reforma, por la que soportó innumerables sufrimientos y trabajos. Fue apóstol, a la vez que contemplativo, en particular de la pasión de Cristo, y escritor. Sus poesías son una cumbre literaria, y es un clásico de la mística. Como atestiguan sus escritos, ascendió a través de la noche oscura del alma al monte Carmelo, monte de Dios, buscando una vida escondida en Cristo y dejándose quemar por la llama viva del amor de Dios. Murió en Úbeda (Jaén) el 14 de diciembre de 1591.
Oración: Dios, Padre nuestro, que hiciste a tu presbítero san Juan de la Cruz modelo perfecto de negación de sí mismo y de amor a la cruz, ayúdanos a imitar su vida en la tierra para llegar a gozar de tu gloria en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén
© Directorio Franciscano - Aciprensa    

Pensamiento de San Juan de la Cruz 
"El alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa"
"Bienaventurado el que, dejando aparte su gusto e inclinación,
mira las cosas en razón y justicia para hacerlas"
"Buscad leyendo y hallaréis meditando;
llamad orando y abriros contemplando"
"El que no busca la cruz de Cristo,
no busca la gloria de Cristo"

Tema del día:
Para Dios no hay nada imposible
María escuchó al ángel hablando en su silencio: Para Dios no hay nada imposible. Todo es posible para Él. No para mí que soy limitado y torpe. Quiero creer en su poder actuando en mi vida. Imagino lo que puede hacer si yo creo en Él.

Si creo que puede actuar. Que puede vencer en mi debilidad. María creyó en ese poder imposible. Yo quiero creer que Dios puede cambiarme el corazón. Y puede cambiar la vida de tantos a través de mi propia vida, de mis manos.

Veo las dificultades del mundo. La oscuridad y el odio. Y me repito a mi oído esta misma frase. Sé que todo es posible para Dios. Aunque yo crea que no es posible. Porque me cuesta ver que cambie algo. No veo que lo haga, que actúe.

¿Por qué no lo hace? Siento que su impotencia me quita la esperanza. ¿Y si realmente no actúa y no vence? ¿Y si al final me encuentro solo ante la muerte? ¿Y si no sana la enfermedad y no me devuelve la vida perdida?

Me dicen que para Dios todo es posible. Pero yo no veo que sea real ante tanta muerte. El Adviento me habla de renovar la esperanza dentro de mi alma. Nada es imposible para Dios. Pero quizás no se adapta a mis deseos como a veces pretendo.

Y juzgo a Dios porque no hace lo que le pido. Porque no es fiel a su promesa en mi vida tal como yo lo quiero. No creo en su poder. Por eso calculo mis fuerzas. Porque he dejado de tener fe.

Pero hoy me dicen que para Dios todo es posible. Y vuelvo a creer. Y sé que Él no quiere actuar sin mí. Me necesita, cuenta conmigo, para hacer lo imposible. Quiere que lo busque en cada momento. Todo es posible para Dios, cuando abro la puerta y dejo que entre.

Madeleine Delbrêl, asistente social en Ivry, Francia, que descubrió a Dios en las calles de la gran ciudad y en los anhelos insatisfechos de los hombres, decía: Más allá de lo que hagamos, más allá de que empuñemos una escoba o una estilográfica, que hablemos o permanezcamos mudos, que zurzamos una prenda o demos una conferencia, cuidemos un enfermo o estemos escribiendo con la máquina de escribir. Todo eso es sólo la cáscara de una realidad maravillosa, del encuentro del alma con Dios minuto a minuto. ¿Llaman? ¡Abramos rápidamente!: Es Dios que viene a amarnos. ¿Vino alguien?: ¡Adelante! Es Dios que viene a amarnos. ¿Hora de sentarse a la mesa?: ¡Vayamos! Es Dios que viene a amarnos. Dejémoslo hacer.

Es Dios que viene a hacer posible lo imposible. Viene a hacer realidad los sueños de mi alma. Viene a cambiar mi corazón que no se resigna a la vida que lleva y quiere algo más, sueña con algo más. Viene a amarme para que yo le ame.

Quiero lo imposible. Pero es verdad que mis planes no siempre resultan. No logro eludir la cruz, o que sea esta más pequeña. No consigo caminar más rápido. Ni tener más de lo que tengo.

Pero sigo sabiendo que para Él no hay nada imposible. Aunque no me toque ver a mí los frutos, ni el cielo en la tierra. Pero sé que puede forzar la puerta de mi alma. Puede sanar mis heridas más profundas. Puede hacer que me sienta en paz y no me queje tanto de la vida.

En realidad lo que me sana es no querer lo imposible. No desear lo que no poseo. No pretender una vida sin cruces. Me sana no atarme a lo que tengo, a mis deseos, por miedo a perderlo todo. Lo que de verdad me hace libre es necesitar poco, y exigirle a la vida sólo lo que me da.

¡Cuántas veces mi oración es egoísta! Pido lo que a mí me viene bien. Pido lo que deseo y pienso sólo en mí. Giro en torno a mis necesidades. Y me enfado con ese Dios impotente que no me salva.

Tal vez si cambio mi forma de mirar resulta que veo su poder actuando. Cuando dejo de pedir tanto y comienzo a esperarlo todo. Descubro entonces en mis propias carencias un camino de vida, una misión tan grande.

Como le ocurrió al P. Kentenich: “Al ver cuántas personas han perdido su hogar, se suscita en mí una fuerza que me impulsa a poner todo mi amor a disposición de la gente. Permítanme confesarles que esta fue una de las fuerzas motrices que me llevaron a ordenarme sacerdote, poner a disposición de los hombres todas mis energías. No tengo a nadie, así ocurrió en mi caso, por eso el firme principio: lo que te ha pasado a ti, que en lo posible no le pase a nadie más. De ahí brota la fuerza para renunciar a uno mismo. Brindemos hogar a otros cuando nuestro propio corazón clame por hogar”.

El P. Kentenich sufrió tanto la soledad en su vida. Y creyó que la misión que Dios le confiaba en su herida era hacer posible que muchos no sufrieran lo que Él había sufrido. Dar hogar sin haberlo tenido.

Y Dios hizo posible lo imposible a través de su corazón de padre, de buen pastor. Utilizó su vida rota, su tiempo tan finito, sus gestos torpes, sus palabras pobres. E hizo milagros haciendo que fuera posible lo imposible.

Hoy Jesús me invita a mirar mi corazón. Y quiere que busque en el alma mi misión imposible. Desde mi herida. Esa misión que me parece inalcanzable. Sé que Dios lo puede hacer conmigo, porque para Él todo es posible.

Mi misión tiene que ver con los hombres, con sus carencias, con sus heridas, con sus dolores. Hay tanta soledad y abandono. Hay tanta pobreza en el alma. Hay tanta angustia y amargura. Y mi vida puede hacer posible lo que parece imposible. Desde mi carencia, desde mi dolor. Mi misión concreta es la que me da luz y esperanza.

Me gusta mirar así mi vida y creer en su poder infinito. En medio de la más negra noche aparece una luz. Cuando en la vida todo se torna oscuro, surge un destello de esperanza entre mis dedos. Parece todo perdido y brota la esperanza. Esta promesa de vida hoy llena mi alma.

El Adviento me dice que para Dios todo es posible. Si creo. Es posible acabar con la negrura del alma. Es posible creer contra toda esperanza. Es posible sembrar amor cuando no he sido amado. Es posible perdonar lo imperdonable, aun no habiendo sido perdonado.

Y creer que en medio del dolor más hondo es posible encontrar una esperanza a la que agarrarse. Aunque me siga doliendo. Y ver algo de luz con mis ojos ciegos. Es posible lo imposible cuando creo en ese Dios que me ama y me recuerda que tengo una misión que realizar. Que hago falta en este mundo tan roto. Que mi vida tiene un sentido que no alcanzo a distinguir al perder a un ser querido, al sufrir el abandono o la soledad, al caer enfermo.

Cuando me encierro en mis miedos y angustias. Cuando no soy capaz de construir nada porque me vuelvo destructivo en mi pecado. Y no perdono mis actos, ni mi pasado, ni mis errores. Y entonces resulta que sí que es posible cambiar. Cuando menos lo espero Dios me dice que sí, que no dude. Que si creo en lo imposible Él lo puede hacer realidad. En mi vida, con mis gestos y mis manos.
© Carlos Padilla Esteban - Aleteia

Meditaciones
Considera como Jesús padeció desde el primer momento de su vida; y todo lo padeció por amor nuestro. Él no tuvo en toda su vida otro interés después de la gloria del Padre, que nuestra salvación. 
Como Hijo de Dios, no tenía necesidad de padecer para merecerse el paraíso. Cuanto sufrió de penas, de pobreza y de ignominias, todo lo aplicó para merecernos la salvación eterna. Así, pudiendo salvarnos sin padecer, quiso tomar una vida de dolores, pobre, despreciado y desamparado de todo alivio, con una muerte la más desolada y amarga que jamás había sufrido mártir o penitente alguno; solo por darnos a entender la grandeza del amor que nos tenía, y por ganarse nuestros afectos. 
Vivió treinta y tres años,  y vivió suspirando porque se acercase la hora del sacrificio de su vida, que deseaba ofrecer para alcanzarnos la divina gracia y la gloria del paraíso. 
Este deseo le hizo decir: Con bautismo es menester que yo sea bautizado; ¿y cómo me angustio hasta que se cumpla? Deseaba ser bautizado con su propia sangre, no para lavar sus pecados, siendo él inocente y santo, sí los de los hombres, a quienes tanto amaba. Nos amó, y nos lavó en su sangre, dice san Juan (Ap. 1, 5)
¡Oh exceso del amor de un Dios, que todos los hombres y todos los Ángeles no llegaron jamás a comprenderle y alabarle cuanto basta! Vemos lamentase a San Buenaventura al ver la grande ingratitud de los hombres a tan grande amor, y se admira que nuestros corazones no se rasguen por la fuerza del amor de Dios. Se maravilla en otro lugar el mismo Santo de ver a un Dios padecer tantas penas, gemir en un establo, pobre en un taller, desangrado sobre una cruz, en suma, afligido y atribulado en toda su vida por amor de los hombres; y ver luego a estos no arder de amor por este Dios tan amante, y aun tener valor de despreciar su amor y su gracia. ¡Oh Dios! ¿Cómo es posible comprender que os hayáis reducido a tanto padecer por los hombres, y que haya de estos quienes ofendan tanto a Vos?

Los cinco minutos de María
Diciembre 14
La Virgen María, cuando aceptó ser Madre del Mesías, se puso en manos de Dios para hacer su voluntad. Ya los primeros acontecimientos difíciles de la vida de Jesús fueron purificando su fe y profundizando su entrega sin límites.
María fue descubriendo, a la luz de la fe, el destino de su Hijo como el Siervo sufriente de Yahvé anunciado por los profetas. Todo llegó a su culmen en la traición del pueblo y en la muerte humillante en la cruz. La Virgen Madre vivió en su corazón la cruz del sufrimiento, pero su fe le hizo vislumbrar la resurrección del crucificado.
Ningún corazón vivió con tanta profundidad el gozo de la resurrección.
Virgen Madre, te queremos acompañar en tu cruz y te pedimos poder participar también del júbilo y la exultación del Resucitado.
* P. Alfonso Milagro
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Pequeñas Semillitas 3530

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 12 - Número 3530 ~ Miércoles 13 de Diciembre de 2017
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
Señor, Dios nuestro, Rey. Pastor del pueblo escogido, pastor de los pobres y pequeños, pastor de las ovejas despreciadas. Pastor, buen pastor, escucha.
Hay todo un clamor que nadie atiende: el clamor de los que pierden en la guerra, el de los pueblos hambrientos, el de los extranjeros y refugiados, el de los campesinos y todos los marginados.
Tú, que no te sientas sobre nadie. Tú, que nos sientas a todos sobre tus rodillas fuertes y seguras. Tú, que caminas siempre, acompañando, protegiendo, conduciendo. Resplandece.
Resplandezca tu rostro de hermosura; manifiesta tu rostro iluminado por el brillo de la misericordia. Despierta el poder maravilloso de tu corazón invencible. Y ven a salvarnos. No tienes que hacer un largo viaje, porque tienes aquí tu cielo, entre nosotros, tus hijos más queridos.
Ven a visitar esta familia, enteramente tuya. Ven y quédate con nosotros, como uno más de la familia.
Ven, Señor, y danos vida, enséñanos los caminos de la dicha.
Ven a hacernos libres y enséñanos a amar. Ven, Amor.

¡Buenos días!

Relatos del peregrino ruso
"Un día el peregrino ruso se encontró con un joven sacerdote, pálido y delgado hasta los huesos, que celebró la Eucaristía con lentitud, piedad y sentimiento, y pronunció una excelente homilía sobre los medios de adquirir el amor de Dios. Acabada la Misa el sacerdote, interrogado por el peregrino, le enseñó un modo fácil para ser un hombre espiritual y orar con provecho”.

“Para recibir la iluminación espiritual y llegar a ser un hombre interior, hay que elegir cualquier texto de la santa Escritura, y concentrarse en él la mayor parte del tiempo posible. Así se descubre la luz de la inteligencia. Para orar, hay que hacer lo mismo: si quieres que tu oración sea pura, recta y provechosa, es necesario elegir una plegaria corta, compuesta de algunas palabras breves, pero fuertes, y repetirla con frecuencia y por mucho tiempo, y así se le toma gusto a la oración.

“Esta enseñanza me agradó mucho, pues era práctica y simple, y al mismo tiempo, profunda y sabia. Agradecí a Dios en espíritu el haberme hecho conocer a un verdadero pastor de su Iglesia y proseguí mi vida errante”. Esta narración está en los “Relatos de un peregrino ruso”, testimonio de una sólida espiritualidad vivida en la Rusia del 1800. Aprovéchala.
* Enviado por el P. Natalio

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
Texto del Evangelio:
En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera». (Mt 11,28-30)

Comentario:
Hoy, Jesús nos conduce al reposo en Dios. Él es, ciertamente, un Padre exigente, porque nos ama y nos invita a darle todo, pero no es un verdugo. Cuando nos exige algo es para hacernos crecer en su amor. El único mandato es el de amar. Se puede sufrir por amor, pero también se puede gozar y descansar por amor…
La docilidad a Dios libera y ensancha el corazón. Por eso, Jesús, que nos invita a renunciar a nosotros mismos para tomar nuestra cruz y seguirle, nos dice: «Mi yugo es suave y mi carga ligera» (Mt 11,30). Aunque en ocasiones nos cuesta obedecer la voluntad de Dios, cumplirla con amor acaba por llenarnos de gozo: «Haz que vaya por la senda de tus mandamientos, pues en ella me complazco» (Sal 119,35).
Me gustaría contar un hecho. A veces, cuando después de un día bastante agotador me voy a dormir, percibo una ligera sensación interior que me dice: —¿No entrarías un momento en la capilla para hacerme compañía? Tras algunos instantes de desconcierto y resistencia, termino por consentir y pasar unos momentos con Jesús. Después, me voy a dormir en paz y tan contento, y al día siguiente no me despierto más cansado que de costumbre.
No obstante, a veces me sucede lo contrario. Ante un problema grave que me preocupa, me digo: —Esta noche rezaré durante una hora en la capilla para que se resuelva. Y al dirigirme a dicha capilla, una voz me dice en el fondo de mi corazón: —¿Sabes?, me complacería más que te fueras a acostar inmediatamente y confiaras en mí; yo me ocupo de tu problema. Y recordando mi feliz condición de "servidor inútil", me voy a dormir en paz, abandonando todo en las manos del Señor…
Todo ello viene a decir que la voluntad de Dios está donde existe el máximo amor, pero no forzosamente donde esté el máximo sufrimiento… ¡Hay más amor en descansar gracias a la confianza que en angustiarse por la inquietud!
P. Jacques PHILIPPE (Cordes sur Ciel, Francia)

Santoral Católico:
Santa Lucía
Virgen y Mártir
Es una de las figuras más estimadas por la devoción cristiana y la Iglesia la celebra como una de las gloriosas vírgenes y mártires del tiempo del Imperio Romano. Murió en Siracusa (Sicilia) durante la persecución del emperador Diocleciano el 13 de diciembre del año 304. Su culto se extendió desde la antigüedad por la Iglesia, y su nombre fue introducido en el Canon Romano de la misa. La leyenda según la cual la Santa se habría arrancado los ojos por amor de Cristo, tiene su origen seguramente en la etimología popular del nombre de Lucía (lux-lucis, luz), luminosa, y sugiere la luminosidad que emana de su propio nombre. La misma fuente dice que, después de peregrinar a la tumba de Santa Águeda en Catania, decidió consagrarse a Cristo y vendió su dote, por lo que su prometido, desairado, la denunció como cristiana y la torturaron sin conseguir doblegar su propósito de virginidad. Es abogada de la vista y patrona de los ciegos.
Oración: Que la poderosa intercesión de santa Lucía, virgen y mártir, sea nuestro apoyo, Señor, para que en la tierra celebremos su triunfo y en el cielo participemos de su gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
© Directorio Franciscano - Aciprensa    

Palabras del Papa Francisco
“El Adviento es un tiempo para reconocer los vacíos que necesitan ser llenados en nuestra vida, para suavizar la aspereza del orgullo y hacer espacio a Jesús que viene. Cuando viene alguien querido a visitarnos a casa, predisponemos todo con cuidado y felicidad. Del mismo modo queremos predisponernos para la venida del Señor: atenderlo cada día con solicitud, para ser colmados de su gracia cuando venga. El Salvador que esperamos es capaz de transformar nuestra vida con la fuerza del Espíritu Santo, con la fuerza del amor”

Historias:
Un cuento de Adviento
El Adviento me ha traído a la memoria, una vez más, este cuento bien conocido:

Martín era un humilde zapatero de un pequeño pueblo de montaña. Vivía solo. Hacía años que había enviudado y sus hijos habían marchado a la ciudad en busca de trabajo.

Martín, cada noche, antes de ir a dormir leía un trozo de los evangelios frente al fuego del hogar. Aquella noche se despertó sobresaltado. Había oído claramente una voz que le decía. ‘Martín, mañana Dios vendrá a verte’. Se levantó, pero no había nadie en la casa, ni fuera, claro está, a esas horas de la fría noche...

Se levantó muy temprano y barrió y adecentó su taller de zapatería. Dios debía encontrarlo todo perfecto. Y se puso a trabajar delante de la ventana, para ver quién pasaba por la calle. Al cabo de un rato vio pasar un vagabundo vestido de harapos y descalzo. Compadecido, se levantó inmediatamente, lo hizo entrar en su casa para que se calentara un rato junto al fuego. Le dio una taza de leche caliente y le preparó un paquete con pan, queso y fruta, para el camino y le regaló unos zapatos.

Llevaba otro rato trabajando cuando vio pasar a una joven viuda con su pequeño, muertos de frío. También los hizo pasar. Como ya era mediodía, los sentó a la mesa y sacó el puchero de la sopa excelente que había preparado por si Dios se quería quedar a comer. Además fue a buscar un abrigo de su mujer y otro de unos de sus hijos y se los dio para que no pasaran más frío.

Pasó la tarde y Martín se entristeció, porque Dios no aparecía. Sonó la campana de la puerta y se giró alegre creyendo que era Dios. La puerta se abrió con algo de violencia y entró dando tumbos el borracho del pueblo.

– ¡Sólo faltaba este! Mira, que si ahora llega Dios...– se dijo el zapatero.

– Tengo sed –exclamó el borracho.

Y Martín acomodándolo en la mesa le sacó una jarra de agua y puso delante de él un plato con los restos de la sopa del mediodía.

Cuando el borracho marchó ya era muy de noche. Y Martín estaba muy triste. Dios no había venido. Se sentó ante el fuego del hogar. Tomó los evangelios y aquel día los abrió al azar. Y leyó:

– ‘Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estaba desnudo y me vestiste...Cada vez que lo hiciste con uno de mis pequeños, a mí me lo hiciste...’

Se le iluminó el rostro al pobre zapatero. ¡Claro que Dios le había visitado! ¡No una vez, sino tres veces! Y Martín, aquella noche, se durmió pensando que era el hombre más feliz del mundo...".

El Adviento, es la esperanza de la venida de Dios que de muchas formas nos visita.
© Ramiro Pellitero Iglesias

Meditaciones
Considera como todas las penas e ignominias que Jesús padeció en su vida y muerte, todas las tuvo presentes desde el primer instante de su vida; y todas ellas comenzó desde niño a ofrecerlas en satisfacción de nuestros pecado, principiando desde entonces a hacer de Redentor. Él mismo reveló a un siervo suyo, que desde el primer momento de su vida hasta la muerte siempre padeció; y padeció tanto por los pecados de cada uno de nosotros, que si hubiese tenido tantas vidas cuantos son los hombres, tantas veces habría muerto de dolor, a no haberle conservado Dios la vida, para padecer más. 
¡Oh! ¡Y qué martirio tuvo siempre el amante corazón de Jesús, al ver todos los pecados de los hombres! Dice Santo Tomás que este dolor de Jesucristo en conocer la ofensa del Padre, y el daño que del pecado debía después provenir a las almas de él mismo amadas,  sobrepujó al dolor de todos los pecadores contritos,  aún de aquellos que murieron de puro dolor.  Sí,  porque ningún pecador ha amado jamás a Dios y a su propia alma tanto, cuanto Jesús amaba al Padre y a nuestras almas. De aquí es, que aquella agonía padecida por el Redentor en el huerto a la vista de todas nuestras culpas, de cuya satisfacción se había encargado, la padeció ya desde el vientre materno: Pobre soy yo, y en trabajos desde mi juventud (Sal. 87). Así por boca de David predijo de sí nuestro Salvador, que toda su vida debía ser un continuo padecer. De esto deduce san Juan Crisóstomo, que nosotros no debemos afligirnos de otra cosa que del pecado; y que así como Jesús por los pecados nuestros fue afligido en toda su vida; así nosotros que los hemos cometido, debemos tener un continuo dolor, acordándonos de haber ofendido a un Dios que tanto nos ha amado.

Pedidos de oración
Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones; por el triunfo del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María;  por la conversión de todos los pueblos; por la Paz en el mundo; por los cristianos perseguidos y martirizados en Medio Oriente, África, y en otros lugares; por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el abandono, la carencia de afecto, la falta de trabajo, el hambre y la pobreza; por los niños con cáncer y otras enfermedades graves; por el drama de los refugiados del Mediterráneo; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo; por las víctimas de catástrofes naturales; por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas; y por las Benditas Almas del Purgatorio.

Pedimos oración por el eterno descanso del alma de Consuelo R., que ha sido llamada por el Señor. Que Él la reciba en el cielo y que la Virgen María acompañe el corazón de su mamá en la tierra.

Pedimos oración para Isabel, de Buenos Aires, Argentina, a la que han diagnosticado un melanoma bastante agresivo y va a ser intervenida quirúrgicamente. Rogamos la mediación de la Virgen de Guadalupe para que el Señor le conceda a Isabel sus gracias de sanación y su enfermedad pueda ser vencida.

Pedimos oración para Joaquín L., católico y mariano convencido, de Bogotá, Colombia. Rogamos al Señor pose sus Santas Manos Sanadoras sobre sus rodillas con fuerte dolor y en sus vías digestivas de las que fue recientemente operado. También sufre de insomnio severo acompañado de una grave depresión, sumando que se encuentra desempleado y, por supuesto, muy preocupado. Ha pedido de manera especial oremos por él, encomendándole a nuestra Señora de La Esperanza, de la que es devoto convencido.

Continuamos unidos en oración por medio del rezo del Santo Rosario poniendo en Manos de Nuestra Madre Bendita todas nuestras preocupaciones, alegrías y necesidades, poniendo al mundo entero en Manos de nuestra Madre y pidiéndole a Ella paz para el mundo, al rezar por la paz; rezamos por todo, por la paz en el mundo, en los corazones, porque la violencia sea desterrada, por la paz para los niños que están en peligro de ser abortados.  Paz para los jóvenes que no encuentran el camino, paz para los deprimidos. Paz para los que no han tenido la dicha de conocer al Amor. En fin rezamos por la paz, y sigamos haciéndolo.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

Los cinco minutos de María
Diciembre 13
¡Los ojos de la Inmaculada!
Limpísimos y llenos de luz, sin la menor nube que pudiera hacerles perder su brillo. Ojos serenos como el cielo azul, inocentes como los de una virgen, tiernos como los ojos de una madre.
Miremos a las cosas y a las personas con los ojos de la Virgen y las veremos en una nueva dimensión.
María, préstame tu mirada para ver el mundo.
* P. Alfonso Milagro
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)

martes, 12 de diciembre de 2017

Pequeñas Semillitas 3529

PEQUEÑAS SEMILLITAS

Año 12 - Número 3529 ~ Martes 12 de Diciembre de 2017
Desde la ciudad de Córdoba (Argentina)
Alabado sea Jesucristo…
¡Mírame! Aquí estoy: pasando de lo que sucede a mi alrededor. Aquí estoy: no yendo más allá de mi ombligo. Aquí estoy: pensando que ninguna oración de éstas es para mí.
Hoy, he venido aquí con una sonrisa en mis labios. Hoy, quiero aprovechar todo lo que suceda. Hoy, siento que algo tengo que ver contigo.
Mírame, Jesús, que estoy despierto. Mírame, Jesús, que solo no puedo. Mírame, Jesús, que es el momento. Mírame, Jesús, que en ti creo.
Enriquéceme, mi Señor y dame tu Espíritu. Moldéame, mi Señor, y hazme como tu Hijo.
Búscame, mi Señor y aquí estaré despierto, esperando.

¡Buenos días!

Mañana abriré
Hoy te ofrezco un famoso soneto de Lope de Vega. Presenta a Jesús como infatigable buscador del hombre, a pesar de su indiferencia, dureza y frialdad de corazón. No se desanima cuando lo rechazamos, sino que persiste una y otra vez en invitarnos al banquete de la amistad, la alegría y la vida en abundancia. Es un buen tema para prepararte a la próxima Navidad.

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno a oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí!; ¡qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

Cuántas veces el ángel me decía:
"Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuanto amor llamar porfía"!

¡Y cuántas, hermosura soberana:
"Mañana le abriremos",
respondía, para lo mismo responder mañana!

Dios viene en Jesús a anular el pecado, el sufrimiento y la muerte, viene a traernos consuelo y salvación para nuestros males profundos. Que en esta Navidad “el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine tu corazón para que puedas valorar la esperanza a la que has sido llamado”.
* Enviado por el P. Natalio

La Palabra de Dios:
Evangelio de hoy
Texto del Evangelio:
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños». (Mt 18,12-14)

Comentario:
Hoy, Jesús nos lanza un reto: «¿Qué os parece?» (Mt 18,12); ¿qué clase de misericordia practicas? Quizás nosotros, “católicos practicantes”, habiendo gustado muchas veces de la misericordia de Dios en sus sacramentos, estemos tentados a pensar que ya estamos justificados ante los ojos de Dios. Corremos el peligro de convertirnos inconscientemente en el fariseo que menosprecia al publicano (cf. Lc 18,9-14). Aunque no lo digamos en voz alta, quizás pensemos que estamos libres de culpa ante Dios. Algunos síntomas de que este orgullo farisaico echa raíces en nosotros pueden ser la impaciencia ante los defectos de los demás, o pensar que las advertencias nunca van para nosotros.
El “desobediente” profeta Jonás, un judío, se mantuvo inflexible cuando Dios mostró pena por los habitantes de Nínive. Yahvé reprochó la intolerancia de Jonás (cf. Jon 4,10-11). Aquella mirada humana ponía límites a la divina misericordia. ¿Acaso también nosotros ponemos límites a la misericordia de Dios? Hemos de prestar atención a la lección de Jesús: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,36). Con toda probabilidad, ¡todavía nos queda un largo camino por recorrer para imitar la misericordia de Dios!
¿Cómo debiéramos entender la misericordia de nuestro Padre celestial? El Papa Francisco dijo que «Dios no perdona mediante un decreto, sino con un abrazo». El abrazo de Dios para con cada uno de nosotros se llama “Jesucristo”. Cristo manifiesta la misericordia paternal de Dios. En el capítulo cuarto del Evangelio de san Juan, Cristo no airea los pecados de la mujer samaritana. En lugar de ello, la divina misericordia cura a la Samaritana ayudándola a afrontar plenamente la realidad de su pecado. La misericordia de Dios es totalmente coherente con la verdad. La misericordia no es una excusa para tomarse rebajas morales. Sin embargo, Jesús debió haber provocado su arrepentimiento con mucha más ternura que la que sintió la mujer adúltera “herida por el amor” (cf. Jn 8,3-11). Nosotros también debemos aprender cómo ayudar a los demás a encararse con sus errores sin avergonzarles, con gran respeto hacia ellos como hermanos en Cristo, y con ternura. En nuestro caso, también con humildad, sabiendo que nosotros mismos somos “vasijas de barro”.
Fr. Damien LIN Yuanheng (Singapore, Singapur)

Santoral Católico:
Nuestra Señora de Guadalupe
Advocación Mariana
Patrona de México, de América y de Filipinas. El 9 de diciembre de 1531, en un lugar denominado Tepeyac, María Santísima se apareció al indio san Juan Diego. La Virgen le encargó que en su nombre pidiese al obispo de México, el franciscano Juan de Zumárraga, la construcción de una iglesia en el lugar de la aparición. El obispo no aceptó la idea y le pidió pruebas objetivas en confirmación del prodigio. El 12 de diciembre, la Virgen se le volvió a presentar y lo invitó a subir hasta la cima de la colina de Tepeyac para recoger flores y traérselas a ella. No obstante la fría estación invernal y la aridez del lugar, Juan Diego encontró unas flores muy hermosas. Una vez recogidas las colocó en su «tilma» (poncho o túnica) y se las llevó a la Virgen, que le mandó presentarlas al Sr. Obispo como prueba de veracidad. Una vez ante el obispo el Santo abrió su «tilma» y dejó caer las flores, mientras en el tejido apareció impresa la imagen de la Virgen de Guadalupe, que desde aquel momento se convirtió en el corazón espiritual de la Iglesia en México. El obispo mandó construir la capilla, luego trasformada en grandioso templo. El 23 de enero de 1999 dijo san Juan Pablo II en la basílica de Guadalupe: «Tengo la alegría de anunciar ahora que he declarado que el día 12 de diciembre en toda América se celebre a la Virgen María de Guadalupe con el rango litúrgico de fiesta».
Oración: Señor, Dios nuestro, que has concedido a tu pueblo la protección maternal de la siempre Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, por su intercesión, permanecer siempre firmes en la fe y servir con sincero amor a nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
© Directorio Franciscano - Aciprensa    

Palabras de San Juan Pablo II
«He venido aquí para poner a los pies de la Virgen mestiza del Tepeyac, Estrella del Nuevo Mundo, la exhortación apostólica Ecclesia in America, que recoge las aportaciones y sugerencias pastorales de dicho Sínodo, confiando a la Madre y Reina de este Continente el futuro de su evangelización» (1999)
«Haz que todos, gobernantes y súbditos, aprendan a vivir en paz, se eduquen para la paz, cumplan todo lo que exigen la justicia y el respeto de los derechos de cada hombre, para que así se consolide la paz. Escúchanos, Virgen «morenita», Madre de la Esperanza, Madre de Guadalupe» (1997)

Tema del día:
Oración a la Virgen de Guadalupe
¡Oh Virgen de Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de Iglesia! Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos, y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a Ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y Madre nuestra.

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo a su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos los Obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.

Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorgue abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe y celosos dispensadores de los misterios de Dios.

Concede a nuestros hogares la gracia de amar y de respetar la vida que comienza con el mismo amor con el que concebiste en tu seno la vida del Hijo de Dios. Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias, para que estén muy unidas, y bendice a la educación de nuestros hijos.

Esperanza nuestra, míranos con compasión, enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos a levantarnos, a volver a Él, mediante la confesión de nuestra culpas y pecados en el sacramento de la Penitencia, que trae sosiego al alma.

Te suplicamos que nos concedas un amor muy grande a todos los santos sacramentos, que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra.

Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia, con nuestros corazones libres de mal y de odios, podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz, que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre y con el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén
San Juan Pablo II - 1979

Nuevo vídeo y artículo

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"Juan Pablo II inolvidable"
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Meditaciones
Considera cómo el Verbo divino, haciéndose hombre, no solo quiso tomar la figura de pecador, sino que también cargar sobre si todos los pecados de los hombres, y satisfacer por ellos como si fuesen propios, es decir, como si los hubiese cometido. Ahora pensemos de aquí en qué opresión y angustia debía hallarse el Corazón del Niño Jesús, que ya se había cargado con todos los pecados del mundo, viendo que la justicia divina pedía de él una plena satisfacción.
Conocía bien la malicia de todo pecado, cuando con la luz de la divinidad que le acompañaba comprendía inmensamente, más que todos los hombres y todos los Ángeles, la infinita bondad de su Padre, y el mérito infinito que tiene para ser respetado y amado.
Después veía a las claras delante de sí innumerables pecados de los hombres, por los que debía él padecer y morir. Hizo ver el Señor una vez a santa Catalina de Génova la fealdad de una sola culpa venial; y a tal vista, fue tan grande el espanto y el dolor de la Santa, que cayó desmayada en tierra.
¿Qué pena seria, pues, la de Jesús niño, al verse luego que vino al mundo presentado ante el inmenso cúmulo de maldades de todos los hombres, por las cuales debía satisfacer? Ya entonces, dice san Bernardino de Sena, tuvo conocimiento de cada culpa en particular de todos los hombres.

Pedidos de oración
Pedimos oración por la Santa Iglesia Católica; por el Papa Francisco, por el Papa Emérito Benedicto, por los obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, catequistas y todos los que componemos el cuerpo místico de Cristo; por la unión de los cristianos para que seamos uno, así como Dios Padre y nuestro Señor Jesucristo son Uno junto con el Espíritu Santo; por las misiones; por el triunfo del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María;  por la conversión de todos los pueblos; por la Paz en el mundo; por los cristianos perseguidos y martirizados en Medio Oriente, África, y en otros lugares; por nuestros hermanos sufrientes por diversos motivos especialmente por las enfermedades, el abandono, la carencia de afecto, la falta de trabajo, el hambre y la pobreza; por los niños con cáncer y otras enfermedades graves; por el drama de los refugiados del Mediterráneo; por los presos políticos y la falta de libertad en muchos países del mundo; por las víctimas de catástrofes naturales; por la unión de las familias, la fidelidad de los matrimonios y por más inclinación de los jóvenes hacia este sacramento; por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas; y por las Benditas Almas del Purgatorio. 

Pedimos oración para Idania, de Cuba, para que el Señor Misericordioso le conceda poder encaminar de la mejor manera su situación laboral. 

Pedimos oración para Alberto José H. P., de Buenos Aires, Argentina, que hoy será operado de cataratas en su ojo derecho. Que por la intercesión de Santa Lucía, patrona de la vista, el Señor Jesús le conceda una cirugía exitosa y muy pronta recuperación.

Pedimos oración para dos personas de Bogotá, Colombia: Elsita Q., que por un desafortunado accidente ha sufrido la fractura de una mano y deberá ser intervenida quirúrgicamente; y Dagoberto P., para que Dios ablande su corazón en determinadas cuestiones que tiene que resolver. Confiamos en la misericordia del Padre celestial para que estas peticiones sean atendidas.

Pedimos oración para la niña Fiorella Jazmín, de 7 años de edad, de Asunción, Paraguay, que va a ser operada de un tumor, encomendándola a la Virgen de Guadalupe para que la proteja e interceda ante Jesús para que Él haga que la cirugía sea exitosa y la pequeña se cure. 

Seguimos rezando por Martín, 44 años, de Córdoba, Argentina, internado hace varios días en terapia intensiva, gravísimo, conectado a respirador, en fallo multisistémico. Está en las manos de Jesús y a Él se lo entregamos para que se haga Su Voluntad.

Continuamos unidos en oración por medio del rezo del Santo Rosario poniendo en Manos de Nuestra Madre Bendita todas nuestras preocupaciones, alegrías y necesidades, poniendo al mundo entero en Manos de nuestra Madre y pidiéndole a Ella paz para el mundo, al rezar por la paz; rezamos por todo, por la paz en el mundo, en los corazones, porque la violencia sea desterrada, por la paz para los niños que están en peligro de ser abortados.  Paz para los jóvenes que no encuentran el camino, paz para los deprimidos. Paz para los que no han tenido la dicha de conocer al Amor. En fin rezamos por la paz, y sigamos haciéndolo.

Tú quisiste, Señor, que tu Hijo unigénito soportara nuestras debilidades,
para poner de manifiesto el valor de la enfermedad y la paciencia;
escucha las plegarias que te dirigimos por nuestros hermanos enfermos
y concede a cuantos se hallan sometidos al dolor, la aflicción o la enfermedad,
la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu hijo ha llamado dichosos,
y de saberse unidos a la pasión de Cristo para la redención del mundo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Amén

Los cinco minutos de María
Diciembre 12
Estar enamorado de la Virgen, nuestra Madre, es hallar una razón para vivir.
Sus ojos se posan en los nuestros y nos dan la luz que nos hace ver y gozar las cosas de Dios.
Enamorarse de la Virgen es elevarse sobre la oscuridad de la tierra, beber la luz que brota de su manto, e ir haciéndonos de a poco semejantes a Jesús.
María, extiende la caricia de Jesús sobre la humanidad sufriente.
* P. Alfonso Milagro
FELIPE
-Jardinero de Dios-
(el más pequeñito de todos)